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NOTA: El D nunca usarlo en domestico aunque la casa sea grande y tenga de todo usar el C como máximo e D solo se reserva para entorno industrial.

Cuando alguien habla de un «magneto de 16», parece que ya está todo dicho. No lo está. La intensidad nominal es solo uno de los 4 datos que importan:

  1. Intensidad nominal — 10, 16, 20, 25 A…
  2. Curva de disparo — B, C o D
  3. Poder de corte — expresado en kA
  4. Número de polos — según si la línea es monofásica, bifásica o trifásica

1. Intensidad nominal – Depende del cable, no al revés

El magnetotérmico no está para proteger el aparato final. Su función principal es proteger el conductor entre el cuadro y esa carga. Si el cable no está bien protegido, el problema lo sufre antes la instalación que el equipo.

La relación entre sección y protección máxima es clara: 1,5 mm² → 10 A; 2,5 mm² → 16 A; 4 mm² → 20 A; 6 mm² → 25 A. Si una línea de 2,5 mm² lleva un C16 y salta con frecuencia, la solución no es poner un C20. Eso puede dejar el conductor sin la protección que necesita.

2. Curvas B, C y D: el disparo magnético es lo que cambia

El magnetotérmico combina dos mecanismos: uno térmico, que actúa ante sobrecargas sostenidas, y uno magnético, que entra ante picos muy rápidos como los de un cortocircuito o ciertos arranques. Las curvas B, C y D regulan ese segundo mecanismo.

La curva B dispara entre 3 y 5 veces la intensidad nominal. Es la más sensible y encaja bien con cargas resistivas, iluminación sencilla y circuitos domésticos simples sin motores. También ayuda a la selectividad en circuitos aguas abajo.

La curva C dispara entre 5 y 10 veces. Es la más instalada porque aguanta los picos normales de una vivienda moderna sin volverse demasiado lenta. Va bien en tomas de corriente, iluminación LED, electrodomésticos, motores pequeños como los de persianas y también en el lado AC de un inversor fotovoltaico.

La curva D dispara entre 10 y 20 veces. Está pensada para motores con alto pico de arranque de entornos industriales donde esos picos forman parte del funcionamiento normal. Cambiar una C por una D en una vivienda porque el automático salta es un error grave: tapa el problema sin resolverlo y deja el cable expuesto. Solo usar el D en industria es lo recomendable y para vivienda siempre el C.

3. Poder de corte: el dato que decide si abrirá cuando importa

El poder de corte indica la capacidad del automático para interrumpir el circuito ante un cortocircuito real, donde la corriente ya no se mide en amperios normales sino en kiloamperios. Si la corriente de cortocircuito disponible supera el poder de corte del aparato, este puede dañarse sin llegar a abrir.

En vivienda, el REBT exige un mínimo de 4,5 kA. En la práctica, lo más habitual es instalar magnetotérmicos de 6 kA o más, así que ese requisito se cumple con facilidad. En industria, el cálculo depende del suministro, la línea y el nivel de cortocircuito previsto.

4. Número de polos: no es un detalle de catálogo

En monofásica conviven dos formatos, 1P+N y 2P, que parecen equivalentes porque ambos cortan fase y neutro. No lo son. El 1P+N realiza corte omnipolar pero no protege el neutro frente a sobreintensidades del mismo modo que un 2P. Por eso muchos instaladores trabajan siempre con 2P en monofásica.

En líneas con dos fases, el 2P es la única opción segura. Un 1P+N puede llegar a «funcionar» conectado mal, pero pone la instalación en una situación peligrosa.

En trifásica para España el formato estándar es 4P, porque la normativa exige seccionar el neutro.

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